El primer elemento de una historia, el principal, son sus personajes. Las personas cogen un libro y leen la sinopsis en la contraportada. Compran el libro por la trama, pero siguen leyendo por sus personajes. Cuando conseguimos que el lector invierta en el protagonista, que se preocupe por él, tenemos la tarea principal hecha. A partir de aquí podemos introducir la historia desde el punto de vista del protagonista para gradualmente ir añadiendo complejidad y capas a nuestro mundo narrativo.
Cuando lees un relato de ficción lo primero y más importante que estás haciendo es conocer gente. Los personajes son el núcleo de cualquier historia. Los que interactúan e influyen en todos los demás elementos de la ficción.
Los buenos escritores son capaces de crear la sensación de que sus personajes son personas de carne y hueso que viven, respiran, piensan y tienen emociones. Si consigues que tus personajes parezcan reales, si logras crear la ilusión de que hay una persona de verdad sobre el papel, tus lectores se enamorarán de tu historia más allá del lenguaje y las palabras y dejarán que el mundo real se desvanezca para ser reemplazado por el universo ficticio que has conseguido crear. Como escritor necesitas que tu lector sienta que tus personajes tienen sustancia, que son auténticos y profundos y que son tan reales que hasta proyectan sombras.
El latido del deseo
El primer paso para crear un personaje multidimensional es crear un deseo. Todo personaje debería querer algo.
El deseo es la fuerza que empuja a la naturaleza humana, y si se aplica a los personajes se crea el impulso que hace avanzar la historia. Si el deseo es muy importante para él, se convierte en importante para el lector.
Que el personaje desee algo con fuerza permite al lector identificarse y simpatizar con él. Si un personaje no desea nada, aburrirá a los lectores y conseguirá que abandonen la historia para siempre.
Una de las ventajas de dedicar tiempo a definir un gran deseo en el personaje principal es que la línea argumental crecerá de forma orgánica a partir de esa necesidad
La complejidad humana
No hay nada más aburrido, desde el punto de vista narrativo, que un personaje que actúa igual que miles de personajes que conocemos y que muestran una única faceta de su carácter y la más previsible: la abuela amable, el conserje siniestro, el paciente heroico. Es muy fácil caer en esta trampa porque también lo es clasificar a las personas como prototipos. Cuando se crean personajes, se han de explorar los detalles específicos y únicos que les aportarán complejidad; que no sean prototipos sino personas reales
A continuación, le hicimos una entrevista a un personaje imaginario a través del cuestionario que usaba Marcel Proust para conocer mejor a sus personajes:
1.¿Principal rasgo de tu carácter? Tiquis miquis
2. ¿Qué cualidad aprecias más en un hombre? La complejidad
3. ¿Y en una mujer? La empatía
4. ¿Qué esperas de tus amigos? Sinceridad
5. ¿Tu principal defecto? Dispersión
6. ¿Tu ocupación favorita? Lectura
7. ¿Tu ideal de felicidad? Tener una pasión.
8. ¿Cuál sería tu mayor desgracia? Perder un hijo
9. ¿Qué te gustaría ser? Ser buena escritora
10. ¿En qué país desearías vivir? Cambrils
11. ¿Tu color favorito? Verde
12. ¿La flor que más le gusta? Rosa
13. ¿El pájaro que prefieres? Colibrí
14. ¿Tus autores favoritos en prosa? García Márquez
15. ¿Tus poetas? Miguel Hernández
16. ¿Un protagonista de ficción? Hulk
17. ¿Una heroína? Raluca
18. ¿Tu músico favorito? Beethoven
19. ¿Tu pintor preferido? -Antonio López
20. ¿Tu protagonista de la vida real? Yolanda Díaz o Anguita.
21. ¿Tu nombre favorito? Jordina
22. ¿Qué hábito ajeno no soportas? Escupir en la calle
23. ¿Qué es lo que más detestas? Cizañeros y mentirosos
24. ¿Una figura histórica que te ponga mal cuerpo? Adolf Hitler
25. ¿Un hecho de armas que admires? Revolución Francesa
26. ¿Qué virtud desearías poseer? La valentía
27. ¿Cómo te gustaría morir? Durmiendo
28. ¿Cuál es el estado más común de tu ánimo? Buen ánimo. Optimista
29. ¿Qué defectos te inspiran mayor indulgencia? Pereza
30. ¿Tienes una máxima? Hablar menos y ser más concreta.
TU TURNO: Piensa en la peor persona que hayas conocido: un jefe psicótico, un amigo que apuñala por la espalda, un matón del parque. O invéntate a alguien. Después asígnale a ese personaje una característica redentora: amabilidad, cortesía, simpatía, amor por los animales. Y escribe un pasaje con esa persona en acción. Tal vez muestres a una exesposa sádica ayudando a un sin techo a encontrar cobijo, o a un ladrón de bancos organizando los servicios de una canguro para una mujer a la que acaba de amordazar. ¿El resultado? Un villano con múltiples dimensiones.
Asimismo, usa las respuestas del cuestionario para hacer un personaje creíble (principal o secundario) dentro de tu historia.
CONCHI:
Mikael, un hombre alto, guapo, con su elegante traje azul, su corbata a rayas finas grises, se dirige a su lugar de trabajo, el Banco Intercontinental en Manhattan. Es el subdirector de la sucursal. Hoy, tiene una reunión muy importante. Van a traspasar la cuenta multimillonaria de uno de los hombres más poderoso del petróleo de Dallas, a su sucursal. Mikael es un hombre culto, carismático, ordenado, pulcro en el trabajo. Sus subordinados no entienden su complejidad como una virtud, sino como un ataque a su libertad a la hora de hacer el planning del día. Está todo tan especificado y las horas tan calculadas que no les deja ni un respiro para tomarse cinco minutos para ellos. Le temen cuando se cruzan en su camino porque les amonesta, les trata de perezosos, cuando están en corrillo. No hay cosa que le moleste más que las cizañas y las mentiras, y por eso tiene una máxima:” hablar menos y ser más concreto”; máxima que obliga a sus subordinados a acatar las órdenes que les da, aunque no siempre estén de acuerdo... Es tan exigente e intransigente que se convierte en un jefe autoritario, déspota y nada querido. A escondidas, le apodan Hitler. A veces sus colegas del banco, los que son amigos, le recuerdan que muestre más empatía con sus subordinados, que los trabajadores son personas humanas y necesitan ver que su jefe les aprecia, pero él no muestra sus sentimientos. Hace pocos meses su secretaria sufrió la pérdida de su hijo y, no supo dirigirle unas palabras de consuelo, porque pensó, que el carecía de la valentía necesaria para enfrentarse a un golpe tan duro. Interiormente pensó en su hija Jordina y se le paró el corazón unos segundos. Se moriría de pena. Un colega le dijo un día, que lo vio con buen ánimo: “-Se más tolerante con tus trabajadores” y riendo añadió: -Algún día provocarás una rebelión que será más sonada que la Revolución Francesa, te decapitarán y pondrán a alguien en tu lugar”. Mikael se ríe y le dice: - ¿Qué horror!, decapitado! preferiría morir como Hitler, tomándome una sobredosis de somníferos y no despertar. Son las tres de la tarde y Mikael acaba su jornada, despidiéndose con un hasta mañana formal y natural. Pero hoy no es una despedida cualquiera. Para él, hoy puede ser el último día en este cubículo, piensa. Llama a sus colegas, la banda de ladrones de guante blanco, a la que pertenece, que ya están a la espera de la gran noticia. -Hoy es el gran día. Quedamos en el almacén y os explico mi plan. Mikael, ya no es el jefe autoritario, ahora es uno más de la banda. Todos desempeñan un papel importante en la banda y aunque Mikael no sea el líder , es un tiquismiquis que no soportaría que alguien se saliera del plan y fallara el gran asalto al banco. -El plan es perfecto: después de las seis no habrá nadie, sólo los dos guardias, que Marlene se encargará de seducir para anestesiarles, amordazarlos y atarlos. John, el chófer, el mejor conductor y conocedor de todos los atajos de la ciudad, esperará con las luces apagadas en frente del banco, sin llamar la atención; James entrará primero y desconectará la alarma y luego Georges que fue un artillero en las guerras de Corea, reventará la puerta acorazada y los tres entraremos en la cámara, y después de localizar la caja e introducir la contraseña, seremos ricos. Mikael sueña con mudarse a un pueblecito marinero, en la Costa Dorada, Cambrils, en España, que hace años visitó y deseó sería su retiro de la banda, después de un buen golpe. Allí podría dedicarse a su gran pasión, la lectura. Podría incluso convertirse en un buen escritor del tamaño de sus escritores preferidos: Miguel Hernández o García Márquez. ¿Por qué no? Ahí se imagina sentado en su sillón de mimbre frente al mar, y escuchar su musico más querido Beethoven, mientras escribe. Le acompañaría un colibrí que es su gran pasión, su mujer no se lo permitió nunca, según ella, por falta de tiempo para dedicarle al bichito, como ella le nombra por su aversión a esos animales, Son las seis de la tarde, Mikael sale del coche, escupe en la acera, porque un ladrón le dijo hace años que trae suerte antes de un buen robo e infunde valor. Y entra decidido. Todo está saliendo a la perfección, pero de pronto oyen un carrito por el pasillo que da a las oficinas. - ¿Hay alguien ahí? Mikael que no pensó que pudiera quedar alguien, que lo tenía todo bien controlado, a esas horas las mujeres de la limpieza no deberían estar, su hora de salida es a las cinco; entra en cólera. De pronto le brota una furia y, crece en su interior una rabia tan grande, que cree que sus miembros se convierten en piedras y se lía a puñetazos con las paredes por fallar, él que todo lo planea. Parece el increíble hombre verde, Hulk. Amordaza a la señora pensando que va a hacer con ella. Por suerte no la conoce. Siguen con la cámara acorazada. La apertura de la cámara está costando más de lo previsto. Y la señora maniatada y amordazada no para de pegar patadas y de hacer gestos. Mikael, que no se caracteriza precisamente por su empatía, le quita la mordaza y la mujer chillando y llorando le suplica: -Por favor, déjeme ir. No diré nada. Mi hija habrá vuelto del colegio y estará sola en la calle. El bus la deja delante de casa y si no me encuentra quien la va a proteger. Otro contratiempo que altera los planes, piensa Mikael. Pero Mikael se acuerda de su hijita, Jordina y se la imagina allí sola en una calle, donde nadie se preocupa por nadie, y tan indefensa, que ordena a Marlene que vaya a recoger a la niña y la cuide hasta que llegue la madre. Deja ir a la mujer, amenazándola con su hija. -Si llama a la policía, no verá nunca más a su hija. -Tú, le dice a Marlene, para no delatar nombres, - cuando te avise te puedes marchar. Si no hay aviso te llevas la niña. La mujer llora, ante lo que acaba de escuchar. -No diré nada, seré una tumba. Por favor no le hagan daño a mi niñita. Por fin lo han conseguido. Se pueden marchar. Todo, bueno casi todo, ha salido bien. Salen a la calle y el coche sale despacito sin llamar la atención. Mikael da el aviso a Marlene y se citan en el almacén. Mikael saborea su triunfo y empieza a soñar con su nueva vida, lejos de aquí. Cuando quieran darse cuenta, ya no lo encontraran porque estará a miles de quilómetros con su hijita querida.
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