sábado, 15 de enero de 2022

TALLER DE ESCRITURA 3- PERSONAJES CON SOMBRA

 El primer elemento de una historia, el principal, son sus personajes. Las personas cogen un libro y leen la sinopsis en la contraportada. Compran el libro por la trama, pero siguen leyendo por sus personajes. Cuando conseguimos que el lector invierta en el protagonista, que se preocupe por él, tenemos la tarea principal hecha. A partir de aquí podemos introducir la historia desde el punto de vista del protagonista para gradualmente ir añadiendo complejidad y capas a nuestro mundo narrativo.

Cuando lees un relato de ficción lo primero y más importante que estás haciendo es conocer gente. Los personajes son el núcleo de cualquier historia. Los que interactúan e influyen en todos los demás elementos de la ficción.

Los buenos escritores son capaces de crear la sensación de que sus personajes son personas de carne y hueso que viven, respiran, piensan y tienen emociones. Si consigues que tus personajes parezcan reales, si logras crear la ilusión de que hay una persona de verdad sobre el papel, tus lectores se enamorarán de tu historia más allá del lenguaje y las palabras y dejarán que el mundo real se desvanezca para ser reemplazado por el universo ficticio que has conseguido crear. Como escritor necesitas que tu lector sienta que tus personajes tienen sustancia, que son auténticos y profundos y que son tan reales que hasta proyectan sombras. 


El latido del deseo


El primer paso para crear un personaje multidimensional es crear un deseo. Todo personaje debería querer algo. 

El deseo es la fuerza que empuja a la naturaleza humana, y si se aplica a los personajes se crea el impulso que hace avanzar la historia. Si el deseo es muy importante para él, se convierte en importante para el lector. 

Que el personaje desee algo con fuerza permite al lector identificarse y simpatizar con él. Si un personaje no desea nada, aburrirá a los lectores y conseguirá que abandonen la historia para siempre.

Una de las ventajas de dedicar tiempo a definir un gran deseo en el personaje principal es que la línea argumental crecerá de forma orgánica a partir de esa necesidad


La complejidad humana


No hay nada más aburrido, desde el punto de vista narrativo, que un personaje que actúa igual que miles de personajes que conocemos y que muestran una única faceta de su carácter y la más previsible: la abuela amable, el conserje siniestro, el paciente heroico. Es muy fácil caer en esta trampa porque también lo es clasificar a las personas como prototipos. Cuando se crean personajes, se han de explorar los detalles específicos y únicos que les aportarán complejidad; que no sean prototipos sino personas reales


A continuación, le hicimos una entrevista a un personaje imaginario a través del cuestionario que usaba Marcel Proust para conocer mejor a sus personajes:



1.¿Principal rasgo de tu carácter? Tiquis miquis

2. ¿Qué cualidad aprecias más en un hombre? La complejidad

3. ¿Y en una mujer? La empatía

4. ¿Qué esperas de tus amigos? Sinceridad

5. ¿Tu principal defecto? Dispersión

6. ¿Tu ocupación favorita? Lectura

7. ¿Tu ideal de felicidad? Tener una pasión.

8. ¿Cuál sería tu mayor desgracia? Perder un hijo

9. ¿Qué te gustaría ser? Ser buena escritora

10. ¿En qué país desearías vivir? Cambrils

11. ¿Tu color favorito? Verde

12. ¿La flor que más le gusta? Rosa

13. ¿El pájaro que prefieres? Colibrí

14. ¿Tus autores favoritos en prosa? García Márquez

15. ¿Tus poetas? Miguel Hernández

16. ¿Un protagonista de ficción? Hulk

17. ¿Una heroína? Raluca

18. ¿Tu músico favorito? Beethoven

19. ¿Tu pintor preferido? -Antonio López

20. ¿Tu protagonista de la vida real? Yolanda Díaz o Anguita.

21. ¿Tu nombre favorito? Jordina

22. ¿Qué hábito ajeno no soportas? Escupir en la calle

23. ¿Qué es lo que más detestas? Cizañeros y mentirosos

24. ¿Una figura histórica que te ponga mal cuerpo? Adolf Hitler

25. ¿Un hecho de armas que admires? Revolución Francesa

26. ¿Qué virtud desearías poseer? La valentía

27. ¿Cómo te gustaría morir? Durmiendo

28. ¿Cuál es el estado más común de tu ánimo? Buen ánimo. Optimista

29. ¿Qué defectos te inspiran mayor indulgencia? Pereza

30. ¿Tienes una máxima? Hablar menos y ser más concreta.


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EJERCICIO:

TU TURNO: Piensa en la peor persona que hayas conocido: un jefe psicótico, un amigo que apuñala por la espalda, un matón del parque. O invéntate a alguien. Después asígnale a ese personaje una característica redentora: amabilidad, cortesía, simpatía, amor por los animales. Y escribe un pasaje con esa persona en acción. Tal vez muestres a una exesposa sádica ayudando a un sin techo a encontrar cobijo, o a un ladrón de bancos organizando los servicios de una canguro para una mujer a la que acaba de amordazar. ¿El resultado? Un villano con múltiples dimensiones.

Asimismo, usa las respuestas del cuestionario para hacer un personaje creíble (principal o secundario) dentro de tu historia.


CONCHI:


Mikael, un hombre alto, guapo, con su elegante traje azul, su corbata a rayas finas grises, se dirige a su lugar de trabajo, el Banco Intercontinental en Manhattan. Es el subdirector de la sucursal. Hoy, tiene una reunión muy importante. Van a traspasar la cuenta multimillonaria de uno de los hombres más poderoso del petróleo de Dallas, a su sucursal. Mikael es un hombre culto, carismático, ordenado, pulcro en el trabajo. Sus subordinados no entienden su complejidad como una virtud, sino como un ataque a su libertad a la hora de hacer el planning del día. Está todo tan especificado y las horas tan calculadas que no les deja ni un respiro para tomarse cinco minutos para ellos. Le temen cuando se cruzan en su camino porque les amonesta, les trata de perezosos, cuando están en corrillo. No hay cosa que le moleste más que las cizañas y las mentiras, y por eso tiene una máxima:” hablar menos y ser más concreto”; máxima que obliga a sus subordinados a acatar las órdenes que les da, aunque no siempre estén de acuerdo... Es tan exigente e intransigente que se convierte en un jefe autoritario, déspota y nada querido. A escondidas, le apodan Hitler. A veces sus colegas del banco, los que son amigos, le recuerdan que muestre más empatía con sus subordinados, que los trabajadores son personas humanas y necesitan ver que su jefe les aprecia, pero él no muestra sus sentimientos. Hace pocos meses su secretaria sufrió la pérdida de su hijo y, no supo dirigirle unas palabras de consuelo, porque pensó, que el carecía de la valentía necesaria para enfrentarse a un golpe tan duro. Interiormente pensó en su hija Jordina y se le paró el corazón unos segundos. Se moriría de pena. Un colega le dijo un día, que lo vio con buen ánimo: “-Se más tolerante con tus trabajadores” y riendo añadió: -Algún día provocarás una rebelión que será más sonada que la Revolución Francesa, te decapitarán y pondrán a alguien en tu lugar”. Mikael se ríe y le dice: - ¿Qué horror!, decapitado! preferiría morir como Hitler, tomándome una sobredosis de somníferos y no despertar. Son las tres de la tarde y Mikael acaba su jornada, despidiéndose con un hasta mañana formal y natural. Pero hoy no es una despedida cualquiera. Para él, hoy puede ser el último día en este cubículo, piensa. Llama a sus colegas, la banda de ladrones de guante blanco, a la que pertenece, que ya están a la espera de la gran noticia. -Hoy es el gran día. Quedamos en el almacén y os explico mi plan. Mikael, ya no es el jefe autoritario, ahora es uno más de la banda. Todos desempeñan un papel importante en la banda y aunque Mikael no sea el líder , es un tiquismiquis que no soportaría que alguien se saliera del plan y fallara el gran asalto al banco. -El plan es perfecto: después de las seis no habrá nadie, sólo los dos guardias, que Marlene se encargará de seducir para anestesiarles, amordazarlos y atarlos. John, el chófer, el mejor conductor y conocedor de todos los atajos de la ciudad, esperará con las luces apagadas en frente del banco, sin llamar la atención; James entrará primero y desconectará la alarma y luego Georges que fue un artillero en las guerras de Corea, reventará la puerta acorazada y los tres entraremos en la cámara, y después de localizar la caja e introducir la contraseña, seremos ricos. Mikael sueña con mudarse a un pueblecito marinero, en la Costa Dorada, Cambrils, en España, que hace años visitó y deseó sería su retiro de la banda, después de un buen golpe. Allí podría dedicarse a su gran pasión, la lectura. Podría incluso convertirse en un buen escritor del tamaño de sus escritores preferidos: Miguel Hernández o García Márquez. ¿Por qué no? Ahí se imagina sentado en su sillón de mimbre frente al mar, y escuchar su musico más querido Beethoven, mientras escribe. Le acompañaría un colibrí que es su gran pasión, su mujer no se lo permitió nunca, según ella, por falta de tiempo para dedicarle al bichito, como ella le nombra por su aversión a esos animales, Son las seis de la tarde, Mikael sale del coche, escupe en la acera, porque un ladrón le dijo hace años que trae suerte antes de un buen robo e infunde valor. Y entra decidido. Todo está saliendo a la perfección, pero de pronto oyen un carrito por el pasillo que da a las oficinas. - ¿Hay alguien ahí? Mikael que no pensó que pudiera quedar alguien, que lo tenía todo bien controlado, a esas horas las mujeres de la limpieza no deberían estar, su hora de salida es a las cinco; entra en cólera. De pronto le brota una furia y, crece en su interior una rabia tan grande, que cree que sus miembros se convierten en piedras y se lía a puñetazos con las paredes por fallar, él que todo lo planea. Parece el increíble hombre verde, Hulk. Amordaza a la señora pensando que va a hacer con ella. Por suerte no la conoce. Siguen con la cámara acorazada. La apertura de la cámara está costando más de lo previsto. Y la señora maniatada y amordazada no para de pegar patadas y de hacer gestos. Mikael, que no se caracteriza precisamente por su empatía, le quita la mordaza y la mujer chillando y llorando le suplica: -Por favor, déjeme ir. No diré nada. Mi hija habrá vuelto del colegio y estará sola en la calle. El bus la deja delante de casa y si no me encuentra quien la va a proteger. Otro contratiempo que altera los planes, piensa Mikael. Pero Mikael se acuerda de su hijita, Jordina y se la imagina allí sola en una calle, donde nadie se preocupa por nadie, y tan indefensa, que ordena a Marlene que vaya a recoger a la niña y la cuide hasta que llegue la madre. Deja ir a la mujer, amenazándola con su hija. -Si llama a la policía, no verá nunca más a su hija. -Tú, le dice a Marlene, para no delatar nombres, - cuando te avise te puedes marchar. Si no hay aviso te llevas la niña. La mujer llora, ante lo que acaba de escuchar. -No diré nada, seré una tumba. Por favor no le hagan daño a mi niñita. Por fin lo han conseguido. Se pueden marchar. Todo, bueno casi todo, ha salido bien. Salen a la calle y el coche sale despacito sin llamar la atención. Mikael da el aviso a Marlene y se citan en el almacén. Mikael saborea su triunfo y empieza a soñar con su nueva vida, lejos de aquí. Cuando quieran darse cuenta, ya no lo encontraran porque estará a miles de quilómetros con su hijita querida.


ELADIA:

EL REYEZUELO Era bajito, rostro desagradable, voz aniñada, servil.
Despreciado por el padre que idolatraba al primogénito vive pegado a las faldas de su madre, compartiendo sus gustos, las lecturas de García Márquez, la música de Beethoven. Rodeado del color preferido por su mamá en vestidos y decoración; el verde, escuchando los poemas apasionados que ella leía e intentaba emular sin resultados, le hubiera gustado ser un buen escritor, un poeta para que ella se sintiera orgullosa; Era una mujer empática que se rodeaba de rosas en su jardín, hasta había conseguido una jaula con colibrís que él estrangulaba, ante la vista de aquellas aves inertes era dichoso, tenía los mismos gustos que su progenitora pero no podía sentir placer ante la belleza, ella Jordina su madre hermosa y desgraciada que ante un esposo brutal al que temía se mostraba obediente y huía a su mundo con el pequeño compartiendo su infelicidad, le hablaba de Egipto o de las vacaciones en Cambrils, una joya del mediterráneo, donde de niña veraneaba con sus padres, un pueblecito pesquero de personas amables, de la revolución francesa de la valentía de los ciudadanos hambrientos que pusieron fin a la tiranía monárquica, toda esta empatía mezclada con la aversión que recibía de su padre y compañeros, las burlas despiadadas del colegio tachándolo de tiquis miquis crean una personalidad malévola que lo impulsa a aislarse. Ingresa en la academia militar siguiendo la tradición familiar y concreta sus deseos en una meta. Compra aliados a su causa mediante engaños, traiciones.
Sin dudar en matar a quien se interponga en su camino, ordena asesinar a su hermano simulando un accidente y a sus competidores por los altos cargos militares y con un batallón de mercenarios homicidas asola su país y se convierte en el máximo poder.
Borrando la cultura, sesga la vida de escritores, poetas, maestros y todo aquel que se aparte de su máxima de dominio.
Nadie osará reírse de su físico.
Se alía a otros autócratas y extermina a niños, mujeres, poblaciones civiles indefensas que son torturados y aniquilados en masa. En su palacio practica una vida austera, rodeado de imágenes religiosas y sacerdotes afines, apoyado por los jerarcas de la iglesia comparte con ellos el poder totalitario y se somete a sacrificios, oraciones y adoctrinamientos que impone a sus súbditos a través del temor al castigo si no secundan las normas obligatorias de asistencia. El odio corroe su alma, le atenaza las entrañas y se extiende a través de sus leyes. Le temen pero no le aman ni admiran.
Ahora comprende por el diario materno, que amaba a su hermano valiente y altruista. Él había sido para ella su paño de lágrimas. Frustrado en sus anhelos de ser reconocido por sus padres, su agresividad aumenta, solo era feliz firmando sentencias de muerte y ejecutando a todos los que le contrariaban.
En su cama, rodeado de imágenes religiosas, ansiaba la muerte durante el sueño y oraba durante horas para encontrar la paz. Temiendo el castigo divino ante tantas vidas segadas, ofreció tributos al poder religioso, se rodeaba de reliquias de personas santificadas, misas, construyó edificios para enaltecer a sus aliados y vivía miserablemente temiendo el momento del traspaso a la otra vida donde tendría que purgar todos sus crímenes.

JULIANA:

La Esposa

-Cariño, aquí tienes el desayuno.
Dejé encima de mi marido una bandeja de plata con dos tostadas untadas de mantequilla y mermelada de fresas silvestres, un zumo de naranja recién exprimido, un té negro humeante con dos cucharadas de azúcar y un chorrito de limón y además en un jarrón del tamaño de un vaso, una gardenia recién cortada del jardín. Su desayuno de todos los días.
Javier, que estaba cómodamente recostado sobre dos almohadones, me miró por encima de las gafas mientras dejaba el periódico en la mesilla de caoba labrada.
-¿Qué ha pasado con Herminia? 
-No le ha pasado nada, pero tiene derecho a tener un día de descanso de vez en cuando, ¿no crees? -dije con una sonrisa afable- Quizás prefieres cómo prepara ella el desayuno…
Javier reaccionó rápidamente.
-Claro que no, amor mío, es que sabes, no me gusta ser una carga para ti.
Lo miré con media sonrisa, se había subido la sábana de hilo blanco serigrafiada con nuestras iniciales y la colcha de terciopelo azul marino hasta la barbilla, y era tan evidente de que estaba disfrutando del placer autoindulgente de ser consentido que sólo le faltaba ronronear. Esperé que fuera consciente de su mentira pero no hubiese apostado por ello, Javier era de un natural poco introspectivo. Me limité a seguirle la corriente.
-Ya sabes que no es molestia, me gusta cuidar de ti.
Me senté encima de la cama, mientras él  se bebía el té con sorbos cortos y sonoros.
-Estás muy guapa, hoy -me dijo con una sonrisa.
-Hoy tengo que ir a la reunión para la recaudación de fondos para la ELA. Vamos a pedir dinero así que ¡más vale que se lleven una buena impresión!
Lo observé con atención. Cualquier persona hubiese recelado al ver a su mujer maquillada, peinada de peluquería, estrenando vestido y zapatos de tacón a las nueve de la mañana. Pero Javier era tan carente de imaginación que se asemejaba a una resistente ceguera. 
No me podía quejar, precisamente por eso me casé con él.
Nada podía romper su fe inquebrantable que se les había inculcado a los de su clase, de que eran de nacimiento merecedores de una vida buena, protegida y ordenada. La niñez acolchada por el amor, las normas y el respeto se mantenía firme a pesar del inevitable pasar de los años y de los cambios externos. En la mente plácida e ingenua de Javier, el mal no podía rozar a aquellos que seguían las buenas viejas costumbres transmitidas de generación a generación. 
A veces, cuando lo veía tan seguro de sí mismo me daban ganas de pinchar el globo que lo envolvía. Sólo por ver si por un segundo se cuestionaba a sí mismo. Entonces le diría, ¿crees que sabes quién eres sólo porque tienes una lista de preferencia como tarjeta de presentación? ¿Por qué te gusta el verde, las rosas, el colibrí y Beethoven? ¿Consideras que eres buena persona porque odias a Hitler y a las personas cizañeras y crees tener empatía y valorar la sinceridad?
Me gustaría ver su verdadera personalidad desprendida del marco que la tradición y la educación le han moldeado. Me gustaría verle enfrentado a un dilema moral, la duda entre el sacrificio personal para hacer un bien a alguien ajeno a costa de uno mismo, o elegirse a uno mismo aún dañando al otro. 
Pero no lo hago. Si su simpleza fuera de naturaleza mezquina quizás cedería al impulso, pero en realidad, Javier es una persona leal, generosa y sin resentimientos. 
Yo sí que reconozco el mal, y lo acepto. En mí misma sobre todo. No me importa admitir que hago todo lo que esté en mi mano para beneficiarme a mí misma y que los demás no me importan en absoluto. Pero para poder obrar a mi gusto, necesitaba una fachada de irreprochabilidad, y Javier es mi perfecta tapadera. Es el tutelar de las viejas tradiciones y la respetabilidad que estas otorgan, a la vez que me concede la libertad de hacer mi vida más acorde con mi naturaleza.
Cogí el envase con crema corporal que había en la mesilla y me unté las manos a la vez que dije:
-Voy a darte un masaje en las piernas, te hará bien.
Javier me sonrió agradecido mientras masticaba un trozo de su tostada.
Levanté la colcha y le subí las perneras del pijama. Sus piernas estaban rígidas y frías. Desde el accidente de coche, Javier había perdido la movilidad en el tronco inferior.
De eso, hace ya 5 años y estamos adaptados. Juro por si os lo preguntabais que no tuve nada que ver con el accidente. Que no tenga remilgos a la hora de dañar a los demás, no significa que tenga necesidad de hacerlo. Además, todos tenemos nuestras mascotas preferidas.
Lo miré con dulzura.
-¿Ya has acabado de comer? Espera no te muevas que te quito la bandeja de encima.
Me levanté, cogí la bandeja y la dejé encima de la cómoda. Cogí el periódico y se lo puse en el regazo.
-Anda, lee y relájate, mientras te doy el masaje- le dije y le di unas palmaditas en la cabeza.
-Eres mejor que una madre, amor mío.
Ese comentario no me gustó, y debo admitir que se llevó unos cuantos pellizcos por ello, aunque a él le fuera indiferente. Basta decir que con su madre no nos caíamos bien. Su madre me observaba con lupa a cada paso. Desconfiaba de mí, no sé si por instinto maternal consideraba que yo no estaba a la altura de su hijo o porque percibía algo detrás de mi armadura. El caso es que no podía continuar así, tarde o temprano, me descubriría. Así que me divertí un poco con ella. Entraba en su casa cuando sabía que no iba a estar y movía algunos objetos de sitio, cosas sutiles. Cambiaba un portaretratos de sitio, le cambiaba los pendientes de la mesilla, le sustraía un libro de la biblioteca. Por supuesto, nadie creyó jamás que le entraran en casa y el consenso general era que estaba paranoica . Luego aumenté la presión un poco cada día, unas llamadas anónimas en las que sólo oía una fuerte respiración. Unos faros que la deslumbraban cada vez que conducía de noche. Unas erupciones muy feas en la piel que se achacaron a su estado“delicado de los nervios”.
Al final, madre e hijo cedieron ante mis consejos de que en una residencia estaría acompañada y bien atendida. La soledad es una cosa muy mala a cierta edad, todos estaremos de acuerdo en esto, creo.
-Voy a buscarte los medicamentos, ahora vengo.-dije mientras daba por concluida la sesión de masajes y le bajaba las perneras del pijama y lo volvía a tapar con la colcha.
Cogí la caja de Zanaflex del cajón del baño y saqué una pastilla rosa. Si en lugar de una pastilla, se tomaba tres de este potente relajante muscular, lo más probable es que entrara en hipoxia por una depresión respiratoria. No es que pensara hacerlo, pero el saber no ocupa lugar.
Le acerqué a Javier un vaso y la pastilla.
-Eres un cielo, amor, no sé qué haría sin ti.
-Podrás prescindir de mí, mientras voy a pasar unas horas aburridas a la fundación contra el ELA?
-¡Qué remedio!
Le di un beso en la coronilla y me despedí con un:-¡Pórtate bien!-antes de cerrar la puerta tras de mí. Tenía unas cuantas horas por delante y mucho por hacer.












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