miércoles, 24 de noviembre de 2021

TALLER DE ESCRITURA 2. Descripción: ilustrar con palabras (continuación)

 Viernes, 19 de noviembre de 2021

                                                                        'https://www.freepik.es/fotos/fondo'>Foto de Fondo creado por jannoon028 

  • Trucos del oficio

Un símil se define (según el Diccionario de la lengua española) como una «figura que consiste en comparar expresamente una cosa con otra, para dar idea viva y eficaz de una de ellas».

La metáfora: Las usamos todos los días. Cuando le dices a un amigo: «estaba que echaba humo» o «¡es un pájaro de mal agüero!», lo estás haciendo, estás tomando una imagen o una idea del universo de la memoria común y aplicándosela a una persona o a una experiencia.

En la ficción tu tarea consiste en utilizar símiles y metáforas tan frescas y sorprendentes que jamás podrían ser algo que hayas oído por teléfono. ¿Por qué te tienes que esforzar? Porque las figuras retóricas son una manera sigilosa de llegar al subconsciente de tus lectores. Estás extrayendo imágenes visuales, experiencias recordadas, fragmentos de sus propios sueños y mostrándoselos como si fueran nuevos. Tus descripciones adquieren el doble de poder
He aquí dos impactantes símiles de A Romantic Weekend [Un fin de semana romántico] de Mary Gaitskill: 
Se sentía como un objeto que se estuviera deshilachando en todas las direcciones. 
Su mirada la penetró tan profundamente que era como si hubiese introducido la mano en su pecho y le estuviese tocando las costillas una a una. 

En la novela de Calvin Baker, Naming the New World [Nombrando el Nuevo Mundo], se incluye una metáfora de un hombre que ve el sol del amanecer como: 
Una bella almendra con bordes de miel. 

El lirismo se refiere a la prosa que juega con los sonidos y el ritmo de la misma manera que lo hace la poesía. Siente la emoción de la última línea de Los muertos de James Joyce: 
Su alma se fue desvaneciendo poco a poco mientras se oía el ruido de la nieve cayendo levemente sobre el universo y levemente cayendo, como el descenso de su último final, sobre todos los vivos y los muertos.

Para profundizar aún más en tus descripciones, contempla la posibilidad de utilizar la onomatopeya, que se consigue cuando las palabras suenan como lo que significan.
Contempla también la aliteración, donde dos o más palabras tienen el mismo sonido inicial.
Cuando se usan bien, estos elementos creativos pueden mezclarse en un fluir sin esfuerzo. Lee esta descripción que hace Bharati Mukherjee del lugar en el que nació su narrador en Leave It to Me [Déjamelo]: 
No tengo ningún recuerdo claro del lugar donde nací, solo del blanco de su sol, de lo crudo de sus colinas, del gemir áspero de los vientos de su desierto, de lo repentinamente desesperado de su crepúsculo: todo ello lo veo como el dibujo de las venas en el interior de mis párpados.
 Además de la aliteración («crudo de sus colinas») observa cómo Mukherjee también utiliza símiles (las venas) y onomatopeyas («gemir áspero»)

Otro recurso es usar de forma inesperada una imagen o adjetivo que se suele relacionar con un sentido con relación a otro. Es un truco de poetas que se conoce como sinestesia
John Keats lo usó aquí: 
Saborea la música de la pálida visión.
Otros serían:
el sonido que lavó tus sentidos 
su voz de chocolate negro

  • Los detalles significativos

Un detalle significativo es capaz de decirnos muchas cosas en muy poco tiempo. Nos ayuda a conseguir la medida áurea, que una descripción sea suficiente para dibujar el cuadro pero no excesiva como para que resulte pesada.
 Analiza el comienzo de Huida imposible de Anna Quindlen: 
La voz líquida de caramelo blando de café con leche que, cuando era joven, hacía que se me pusieran de punta los pelos de los brazos y encendía mi piel con su ese sibilante, con las vocales arrastradas, sus fricativas sorprendentes. La manera en la que hablaba siempre sonaba como un susurro, esa intimidad, la forma en la que las palabras parecían llegarte al estómago, a la cabeza, al corazón. 
El detalle significativo del personaje que se está describiendo es su voz. La autora saca el máximo de su descripción de la voz utilizando la sinestesia («caramelo blando de café con leche» para evocar lo blando y dulce de la voz), el símil («como un susurro») y un preciso catálogo de detalles: «ese sibilante, con las vocales arrastradas, sus fricativas sorprendentes». Para la respuesta del personaje ante esa voz recibimos unas reacciones rápidas que nos lo dicen todo: «se me pusieron los pelos de los brazos de punta» y «las palabras parecían llegarte al estómago, a la cabeza, al corazón». Pronto describe al hombre visualmente y da nombre a sus acciones. Pero la voz es como se le presenta y su voz es lo que recordaremos.
Ese tipo de detalles significativos permanecen con nosotros y definen el lugar, el personaje o el ambiente. Y se quedan en la mente del lector con una fuerza casi hipnótica.
Sin embargo, hasta que encuentres ese detalle significativo, muéstrate generoso. Mientras la historia empieza a moverse en tu cabeza y tus manos la siguen, intenta anotarlo todo, cada cosa que se te ocurra, en particular los detalles sensoriales. 






  • Las trampas descriptivas

En primer lugar, y lo más importante, evita los tópicos.
Oscuro como boca de lobo 
Con los pies plantados en el suelo 
Esas expresiones se han usado tanto que ya no tienen ningún significado. Dejan al lector desconectado y no pintan casi nada en nuestra mente. 
Además, debes también tener cuidado con ser impreciso o incluso descuidado en tus descripciones.
Volteó la cabeza hacia mí. 
Suponemos que el escritor quiere decir algo como volteó el cabello o giró la cabeza, en lugar de realmente darle la vuelta a la cabeza hasta ponerla del revés.
También son problemáticas las metáforas mixtas. Si quieres que tu madre sea un pez, de acuerdo, pero no la conviertas en un elefante tres capítulos más tarde. 

  • La descripción de la vida interior

En esencia se aplican las mismas reglas de la descripción a las emociones y a los pensamientos que a cualquier otra cosa. Por ejemplo podrías escribir:
 Susanna estaba enfadada porque Max no la entendía. 
Esta frase cumple con su trabajo pero transmite muy poco. «Enfadada» es una idea, un concepto abstracto, un indicador de una emoción. Las emociones son físicas. Se expresan y sienten en sensaciones, acciones o ambas. Al igual que con cualquier otro tipo de descripción, las emociones se presentan más vívidas cuando se manejan de forma específica a través de los sentidos. Si quieres que Susanna esté enfadada, hay mejores maneras de transmitirlo. Tal vez sienta una presión y un vacío en el pecho y no pueda respirar o tenga la mandíbula apretada o hable con una voz gutural. Cualquiera de estas expresiones transmitirá su emoción de una manera más viva que simplemente decir que estaba enfadada. Por ejemplo: 
En el segundo exacto en el que Max dijo las palabras, Susanna sintió que la piel le comenzaba a arder. La ira le cerró la garganta.
A John Gardner le gustaba que sus alumnos escribieran una descripción de un granero desde el punto de vista de un hombre que acababa de asesinar a alguien. La idea era que la descripción del granero adoptara de alguna manera los sentimientos y pensamientos que tenía el hombre sobre el asesinato. Quizá la claustrofobia del granero cerrado le recordara lo que sentía mientras cometía el asesinato o tal vez el color rojo de la puerta le hiciera pensar en la sangre. Hasta cierto punto, ese mismo efecto se debería producir cada vez que escribieras desde el filtro de la conciencia de un personaje
Extracto de “Escribir Ficción” de  Gotham Writers Workshop.






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ESCRITOS

Describe un personaje que se dedica a la mundana profesión de limpiar su hogar. Escribe desde el PDV de este personaje (en primera, segunda o tercera persona), es decir, que la conciencia del personaje sea quien dé forma a la descripción. He aquí la complicación: el personaje se acaba de enamorar y deberías dejar que esa emoción tiña la descripción sin citarla de forma directa. Vuelve a escribir después el pasaje, pero esta vez el personaje acaba de pasar por una dolorosa separación romántica. Verás qué diferentes son los mundos dependiendo de cómo se sienta la gente.




María ya no trabaja, por Conchi

María ya no trabaja. Y ahora disfruta de su casa y de sus labores como ama de casa. Es muy metódica y muy ordenada. Su lema es cada cosa en un lugar y un lugar para cada cosa. Mientras se toma su café matutino, piensa en la vida que le depara el futuro. Algo la ha cambiado. Se pone un casete de música de los años 90. Entra en el baño y coge su cubito con la bayeta y un poquito de jabón para baños. Roxette le trae recuerdos de sus años mozos. Coge la figurita de porcelana de una niña con un gato en blanco y azul, que toda la vida estuvo en la balda de arriba del lavabo, y la sustituye por una rosa de nácar que le acaban de regalar. Y pone la figurita encima del mármol del lavabo. Si está convencida. La rosa, donde ilumina la lucecita del espejo. Hasta se permite mirarse esa carita con arrugas, siempre triste, y, no se reconoce en el espejo porque hoy le brillan los ojos, tiene los pómulos sonrosados, parece que hasta tenga menos ojeras. Se ruboriza de sus propios sentimientos. No sabe si creérselo. ¿A mi edad y después de tantos fracasos? Pero el hormigueo que siente en el estómago es una señal. ¡¡Se da ánimos a sí misma porque no!

La bayeta se desliza por el mármol al ritmo de la canción de Roxette, y sin apenas darse cuenta está bailando, canturreando. La bañera está impoluta, pero se contonea para dejarla brillante. Tan resplandeciente como su nueva ilusión.

Mientras limpia, sube y baja la tapa del wc que se convierte en un tambor y la escobilla un micro. Coge la fregona y hace zig zag en el suelo, soñando que está escribiendo en la arena de la playa.

Luego coge un paño seco, y acaricia el espejo con movimientos suaves recreándose en la esperanza de una nueva vida.

Al día siguiente, por Conchi

María siempre había disfrutado de las labores de la casa. Es una mujer metódica, ordenada. No soporta el desorden. Entra en el baño, coge su cubito con agua y un chorrito de jabón para baños y añade un poquito de lejía. Empieza a limpiar el espejo y se mira. ¡Que tristes tengo los ojos! ¡¡Madre mía, que ojeras y cuantas arrugas me han salido en poco tiempo!!

Coge la rosa de nácar que le regalo Claudio y la quita de la balda donde toca el foco y pone en su lugar la figurita de porcelana en blanco y azul que le regalo su madre cuando estreno la casa. Pasa la bayeta por el mármol y los grifos intentando limpiar el rastro de su desilusión. Frota y frota enérgicamente hasta que el vapor del agua caliente hace reacción con la lejía y le pican los ojos. Se lo tiene merecido. ¡Que ilusa! Como pensabas que podría funcionar. Tantas diferencias de edad, de cultura!!
Limpia la bañera, intentando borrar las huellas de tantos buenos momentos vividos en ella.
Pasa la escobilla por el pc y se regodea en cada rincón eliminando cualquier posible rastro de inmundicia varonil, sobre todo la falta de comprensión.
Ahora si está perfecto. Cada cosa en su lugar y ya no hay un lugar para ningún hombre Mi alma está quebrada pero mi decisión es firme y mis sentimientos están ordenados.

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Relaciones, por Eladia

 

La contemplo cada mañana al salir de su apartamento, hoy con sus tejanos gastados el cabello al viento, gráciles movimientos, sin mirar hacia atrás con pasos seguros y dinámicos comienza la jornada. He intentado cruzarme en su camino sin éxito, seguirla al bar de la esquina, escucho su voz, sus tertulias con amigos. Escruto su mirada cristalina sin hallarla, soy invisible.

Creo a la mujer de mi futuro, es ella, ahora distante, inalcanzable.

Estoy en el local tomando una consumición, la veo cruzar la calle, abrir la puerta, buscar. ¿Me contempla o es una ilusión de mis sentidos? Se encuentra en el interior, se acerca, mi corazón late con violencia, transpiro, el calor arrebola mi rostro, mis manos tiemblan, un sofoco angosta mi laringe, engullo mis palabras. Está a mi lado, me atraviesa con sus pupilas, me siento desnudo, me pregunta si puede sentarse a mi lado ya que está todo ocupado, muevo mi cabeza afirmativamente y su conversación me envuelve, comenta sobre el clima, la vecindad. Te conozco y nunca hemos coincidido, vives frente a mi apartamento y se introduce lentamente en mi intimidad, veo como limpias los cristales desde mi ventana. ¿A qué te dedicas? Estoy en el paro, me presento a entrevistas, aún no he encontrado nada interesante, aprovecho el tiempo para preparar mi doctorado, limpio mi casa y la de mi madre que padece una enfermedad invalidante, me ayuda económicamente. Se ríe, cuando quieras puedes pasar por mi vivienda, el polvo impregna mí mundo, soy una adicta al trabajo, aparco la limpieza, demasiadas responsabilidades.

Quedamos para el día siguiente y el otro y las noches en común se sucedían, su seguridad me despierta, mi imagen reflejada en su mirada mejora ¡ Es perfecta! ¡No!  Adoro sus defectos, procuro compartirlos ya que los míos son visibles. El tiempo que permanecemos unidos se volatiza, me embarga la plenitud, cuando se va la paz me inunda, mi vida es más interesante incluso disfruto de las tareas domésticas porque puedo recrearme en los recuerdos placenteros, acudo a las demandas de trabajo con ilusión añadida, todo fluye, pasan los días, los meses sumando sentimientos positivos a nuestras vidas, nos fortalecemos y el universo se dulcifica.

Vuelvo a estas páginas perdidas tras un tiempo, a través de ellas puedo analizar y comprender el proceso.

Encontré trabajo como investigador, finalizaba mi doctorado, ayudaba a mi madre, limpiaba nuestros apartamentos, amaba y me sentía correspondido esto aliviaba mi carga, ella acudía a fiestas a las que no podía asistir por mis obligaciones, su vitalidad sin límite me desbordaba, compartía todos sus eventos, sus amigos, ella me comentaba con alborozo sus aventuras y me sentía feliz al oírla, ansiaba su felicidad y nuestra relación se basaba en el respeto y la confianza.¿ Fue esto la causa del enfriamiento?,¿ Podía haber cambiado el rumbo abonando el terreno con mi presencia constante?. Lo cierto era que yo no necesitaba escapar de mi realidad todo lo que necesitaba estaba allí a mi alcance, dentro de mí.

Ella variaba ambientes, trabajos, amigos, lugares, vivía otras vidas, su sed de exploración insaciable la empujaban en una búsqueda constante y la alejaban de mí.

Y llegó el momento, una noche en la intimidad me confesó que necesitaba un tiempo para reflexionar, un tiempo muerto. Por qué la amaba sentí su malestar y me alejé sin molestar. Seguí observando sus entradas y salidas, sus cambios de pareja, la vorágine de sus días y como un buen amigo la ayudaba cuando me necesitaba.

El dolor se apoderó de mí, el llanto sin consuelo los gritos de impotencia, golpeaba objetos, agotaba mi organismo en el gimnasio, me compadecía, me habían amputado y sangraba por la pérdida.

Agoté mi angustia sin reprimir emociones, dejándolos fluir hasta la extenuación.

Y el tiempo que soluciona los problemas y enfría el dolor del amor me ayudó a arrojar el último de los sentimientos que me unían a ella, el vacío interior se preñó de calma, las ideas se sosegaron, el frio dejó lugar  al calor que templaba mi espíritu y la luz triunfó sobre la penumbra.

Vuelvo a ser yo, ilusionado, completo, apegado a la vida con fuerza, dispuesto para recibir a otras personas que tomen mi misma senda, deseoso de dar y recibir y si no es posible tanta felicidad, viviré la felicidad en solitario, disfrutando cada momento.

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Homenaje con verdad, sentimiento y emoción, por Encarna


Después de estar sufriendo casi dos años de confinamientos y restricciones de encuentros sociales por culpa de la pandemia por fin he retomado mi vida social con algo de normalidad y me he dado cuenta de lo mucho que lo echaba de menos. Es una sensación muy clara que se manifiesta incluso físicamente con un hormigueo que te hace sentir viva. Y ayer, en un acto de homenaje a Ramón García Mateos, se hizo muy palpable. Fue uno de esos días en que el tiempo se detiene y nos ofrece vivir sensaciones revitalizantes para nuestros sentidos, sensaciones que nos alimentan el cuerpo y el alma. El lugar de encuentro fue el Centro Cultural de Cambrils, a las siete de la tarde; la amplia sala fue ocupada por amigos y conocidos de Ramón expectantes por asistir a la presentación del libro homenaje a Ramón “Uno de nosotros” y formar parte de él. Desde la primera intervención, a cargo de Germán García Martorell, hijo de Ramón y también poeta y profesor, la emoción estuvo a flor de piel y en su brillante intervención supo transmitirnos a los asistentes sus sentimientos, que impregnaron la sala de una atmósfera especial, llena de admiración y de amor. Germán explicó que no le había sido fácil escribir el prólogo del libro de su padre, glosar su intensa trayectoria de docente, escritor, poeta y tantas otras facetas de su vida, por su implicacion sentimental; esa implicación quedó patente en sus palabras pero también más allá de ellas, el sentimiento circulaba por la sala y llegaba a todos los que estábamos allí y que compartíamos esa admiración por Ramón. Yo quiero sumarme a este merecido homenaje a Ramón Gárcia Mateos, agradeciendo además su aportación incondicional a la Asociación Cultural de Vilafortuny en las tertulia literarias, en la presentación de libros propios y ajenos y en cualquier acto en el que requeríamos su participación. Me tomo la licencia de transcribir las palabras con las que ha descrito Anna Castillo Prat en Internet el acto de homenaje a Ramón porque coincido totalmente con ella en sus impresiones y las describe de una forma excepcional: “Vamos a hablar de los amigos -se escuchó esa tarde- y hablaron, llenando ausencias de más de un año, con poemas, anécdotas, música y risas. Cerraron, cuando cayó la noche, calmando emociones como a los niños chicos, con una nana - a capela- y dejándonos con sueños de primavera” Otro de los innumerables comentarios en Internet ha sido el de Jordi Ledesma Álvarez: “Ayer vio la luz, en acto público, este libro misceláneo que, con más de un centenar de colaboradores, reconoce la trayectoria del escritor Ramón García Mateos. El proyecto lo capitaneó el poeta Juan López-Carrillo, a quien nunca le agradeceré lo suficiente el haberme hecho partícipe de tan merecido y hermoso homenaje. Cabe decir que entre los autores de los textos hay dos Premios Nacionales de Poesía y un Premio Cervantes, además de contar con la transcripción de correspondencia mantenida por el maestro con Miguel Delibes, Buero Vallejo o Gerard Vergés, entre otros. Créanme cuando les digo que estamos ante el mayor talento literario que haya gozado la ciudad de Cambrils en décadas” Una tarde de las que se recuerdan para siempre, que se atesoran en el corazón y le dan calor.



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El baño, por Juliana.

1 de junio de 2010 Repasa el baño con la mirada. El papel higiénico está en su sitio. Coloca los dos cepillos de dientes, uno rosa, el otro azul, dentro del vaso. Dobla la toalla y la pliega en el toallero con el bordado con sus dos iniciales entrelazadas mirando hacia fuera. Retoca los dos perfumes colocados uno al lado del otro, de forma que queden visibles los torsos de un hombre y una mujer esculpidos en pequeñas botellas de cristal. Él/Ella de Gaultier. Suspira con satisfacción. Ahora está perfecto. Las baldosas relucientes y cada cosa en su sitio. Con impulso, coge la botella con el torso masculino y echa unas cuantas vaharadas al aire. Inspira el olor familiar a almizcle, bergamota y vainilla con sutiles notas cítricas en el fondo. Satisfecha, sonríe y cierra la puerta. 1 de junio de 2015 Con mano experta, elimina de una sola pasada los restos de la espuma de afeitar adheridos al lavabo y las manchas de agua en el espejo. Lanza un suspiro al ver el rollo de cartón vacío en el lugar del papel higiénico. Rápidamente, cambia el uno por el otro. Con un gesto brusco, baja la tapa del wáter. Éste da un golpe seco y tenso. Coge el estropajo con el que acaba de limpiar el wáter con la punta de los dedos enguantados y lo echa en un cubo lleno de agua y detergente con una mueca de disgusto. Antes de irse vaporiza un spray con olor a lavanda por la estancia. Cierra los ojos e inspira el aroma. Parece ser, según dicen en la publicidad, que tiene un efecto calmante. Cierra la puerta. 1 de junio de 2020 Con gesto rápido y presuroso, se limpia las manos, rascando con esmero por debajo de las uñas. Cuando se las seca con la toalla ve que una mancha granate se extiende encima del bordado. De un tirón, desenrolla casi todo el papel higiénico. Lo extiende por el suelo y ve cómo el blanco se va tiñendo de rosado. Mira a su alrededor. Manchas rojas y opacas salpican todas las relucientes baldosas. Coge los guantes, el cubo y el estropajo. Friega y limpia metódicamente cada rincón del baño. Al fin queda otra vez blanco impoluto y radiante. Inspira profundamente, sus fosas nasales se irritan por el fuerte olor a lejía. Sonríe satisfecha y cierra la puerta. Ya no volverá a limpiar este lavabo.

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miércoles, 17 de noviembre de 2021

TALLER DE ESCRITURA 1. Descripción: ilustrar con palabras

                                                                                                 Viernes, 5 de noviembre 2021



Nuestra primera sesión del taller de escritura empieza con un fundamento esencial de la narración: La descripción. Tener herramientas para dibujar una imagen de la realidad con la atmósfera que queremos transmitir es esencial para que el lector se sumerja en la historia y disfrute del viaje.



Descripción: ilustrar con palabras


En narrativa, descripción será cualquier cosa que cree una imagen en la mente del lector. Si las descripciones son lo suficientemente buenas, el lector se olvidará de la lluvia tras su ventana, del hecho de que su silla es un poco incómoda, de que se ha retrasado en el pago de la renta. El lector se verá arrastrado por las palabras, creyéndose cada instante de la historia, como si fuera un sueño o una película, o como si realmente estuviera ocurriendo.


  • Los cinco sentidos


Escribes y lees con el cerebro pero la vida la vives a través de tu cuerpo. Hace falta tu parte física para transmitir esa experiencia. Para llevar a un lector hasta tu mundo ficticio necesitas ofrecerle datos para todos los sentidos. Querrás que tus lectores vean la sombra del arco iris, que prueben la amargura de una sopa mala, que sientan la aspereza de la piel sin afeitar, que huelan la pizza descompuesta después de una fiesta que ha durado toda la noche, que oigan el frenazo de las ruedas durante el accidente. Te habrás dado cuenta de que he hecho referencia a los cinco sentidos. No caigas en la tentación de centrarte solo en la vista, como hacen muchos escritores noveles

En la preciosa novela de Anna Quindlen, Huida imposible, la protagonista —una mujer que huye de su maltratador— conoce a su primera amiga en un pueblo de las afueras de Florida: 


Vestía pantalones cortos de lino rosa y una blusa a juego, gafas de sol blancas y esmalte de uñas rosado. Sonaba como una actriz que estuviera interpretando a Blanche Du Bois embutida en un uniforme de verano y parecía y olía como si se hubiese estado preparando para esa mañana con tanto cuidado como me preparé yo la mañana en que me casé. Un acento del sur y Diorissimo, o algo que olía a un perfume muy parecido. 


  • Precisión 


Sin embargo, tus descripciones no se pueden limitar a ofrecer solo detalles sensoriales; los detalles deben ser precisos. El efecto acumulado de los detalles sensoriales específicos produce verosimilitud. La sensación de que esos acontecimientos realmente han ocurrido.

Además, la precisión previene una especie de pereza del escritor. 

«Era una bella rubia». Es una descripción tan vaga e imprecisa que no aporta ninguna imagen concreta y da la sensación de que fue escrita sin suficiente esfuerzo.

 Intenta añadir detalles específicos sobre esa belleza rubia, algo como:

 Su nariz estaba ligeramente rociada de pecas de una tonalidad tan suave como la de la piel que había bajo ellas. 

Pinta un cuadro con tus palabras. Por ejemplo, Jeannette Winterson ofrece esta dramática descripción en su novela La pasión, una fábula sobre la Venecia del siglo XVIII: 

También hay exilados. Hombres y mujeres sacados de sus palacios resplandecientes que con tanta elegancia se abren a los brillantes canales. 

Suena poderoso, con adjetivos como «resplandecientes» y «brillantes» que sugieren el glamour que se ha perdido. Pero no estamos en el cuadro hasta que la autora continúa diciéndonos: 

Una mujer que mantenía una flota de barcas y una ristra de gatos y que comerciaba con especias, está aquí en este instante, en la ciudad callada. No sé cuántos años puede tener, se le ha teñido el cabello del verde del cieno que se desprende de los muros del rincón donde vive. Se alimenta de la materia vegetal que se engancha a las paredes cuando la marea está perezosa. Carece de dientes. No los necesita. Sigue vistiendo las cortinas que arrancó de la ventana de su sala de estar cuando se marchó.


Las descripciones específicas y precisas también dan mayor verosimilitud a los lugares inventados. Si, por ejemplo, uno de tus personajes conduce un coche, dinos de qué marca o tipo es. Earl, el ladrón de coches en Rock Spring de Richard Ford, conduce un Mercedes color arándano amargo. No solo podemos imaginarnos ese coche en particular, sino que eso también nos dice algo sobre los gustos que tiene Earl cuando roba coches. Piensa en ti mismo como si fueras un coleccionista de sensaciones, de objetos, de nombres. Especialmente de nombres.


TU TURNO: Piensa en algún lugar de tu juventud que conozcas bien, una calle, un parque, una escuela… Escribe un pasaje en el que describas ese lugar con gran detalle. ¿De qué color eran los ladrillos? ¿El tobogán era recto o curvo? ¿A qué distancia estaba el estanque de la casa? Si no puedes recordar detalles clave, rellénalos con tu imaginación. Si quieres conseguir puntos extra, haz lo mismo sobre una persona que conozcas de ese lugar





Las mejores palabras 


Volvamos a esta línea de La pasión: Una mujer que mantenía una flota de barcas y una ristra de gatos y que comerciaba con especias está aquí en este instante, en su ciudad callada. Todo en esta frase es bastante directo excepto el fragmento de «una ristra de gatos». ¿Por qué eligió la autora una ristra? Podría haber escogido cualquiera de entre otras muchas palabras: «colección», «grupo», «familia», «manada», «camada», «conjunto», «círculo», por mencionar solo unas pocas. Pero está claro que sentía que la palabra «ristra» tenía un significado especial que la hacía encajar. Tal vez le gustaba el sentido de que los gatos iban en fila india o que estaban de alguna manera atados a esta mujer. Independientemente de si la autora encontró de inmediato esta palabra o le dedicó medio día de preocupaciones, la palabra «ristra» provoca un impacto fuerte y específico


 Cuida los adjetivos y los adverbios. Ten en cuenta que, igual que las sirenas, te pueden atraer hacia las aguas peligrosas de las descripciones sin calidad. Hay muchas personas que al pensar en descripciones solo piensan en adjetivos y adverbios. 

Como sabes, los adjetivos describen a los sustantivos, como en «su cabello claro», y los adverbios describen a los verbos, como «caminaba ligera». La verdad es que los adjetivos y los adverbios pueden ser palabras muy perezosas. Te engañan haciéndote pensar que están haciendo su trabajo cuando realmente no están haciendo gran cosa. 

Por ejemplo, los «intensos ojos grises». Ahí tienes dos adjetivos que pretenden describir esos ojos. Pero no consiguen demasiado, un atisbo de sentidos, un atisbo de precisión, pero nada que dé vida a esos ojos ni a su dueño. 

Analiza este pasaje de El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald. Empieza una de las famosas fiestas de Gatsby: 

De pronto, una de esas gitanas en tembloroso ópalo aferra un cóctel de la nada, lo vacía para envalentonarse y moviendo las manos como Frisco baila sola sobre la plataforma de lona. 


Analiza esta frase cuidadosamente. Solo incluye dos adjetivos (tres, si cuentas «sola») pero sus sustantivos y verbos provocan el máximo impacto. No es una «mujer» sino «una de esas gitanas», no «coge» sino que lo «aferra». Observa con cuánta fuerza los sintagmas verbales alivian la necesidad de contar con modificadores como en «lo vacía para envalentonarse» y «moviendo las manos como Frisco». (Esta última frase se refiere a un bailarín de jazz de los años veinte).


Como ya hemos comentado, los verbos potentes pueden incluso aliviar la necesidad de usar adverbios. Por ejemplo, se puede cambiar de manera eficaz «ella caminaba ligera» por «ella se deslizaba» o «ella flotaba», y cada nueva versión es más evocadora que la que se apoya en el adverbio. 

Observa este ejemplo de El dios de las pequeñas cosas de Arundhati Roy:

 A principios de junio el monzón del sudoeste irrumpe y hay tres meses de viento y agua con breves lapsos de sol afilado y brillante que los niños, emocionados, atrapan para jugar. El campo se tiñe de un verde inmodesto. Las fronteras se enturbian mientras las vallas de tapioca echan raíces y florecen. Los muros de ladrillo se visten de verde musgo. Los pimientos trepadores se arrastran por los postes eléctricos. Las enredaderas salvajes estallan en las orillas de la arena ocre y se desparraman sobre las carreteras inundadas. Los barcos surcan los bazares. Y pequeños peces aparecen en los charcos que llenan los baches de las obras públicas en las autopistas. 

Observa lo vibrante que resulta este lugar a través de verbos tales como: irrumpe, atrapan, enturbian, echan raíces, florecen, arrastran, estallan, se desparraman, surcan. No hacen falta adverbios. Aunque también aparecen algunos adjetivos salpicados aquí y allá, siempre están unidos a un sustantivo potente que no queda apagado por ellos.

 No te estoy diciendo que evites los adjetivos y los adverbios en su totalidad. Pero céntrate primero en los mejores sustantivos y verbos posibles y busca los modificadores que mejoren esas palabras añadiendo toques sutiles a sus cimientos. 


TU TURNO: Elige una persona que conozcas. Cámbiale el nombre por uno de ficción para que puedas permitirte alterar otras características, si así lo deseas. Y ahora describe a esa persona lo más vívidamente que puedas. He aquí el desafío: no puedes utilizar ni un solo adjetivo o adverbio. Eso te obligará a echar mano de sustantivos y verbos potentes y a emplear alguna otra técnica que hayas podido aprender en este capítulo. Aunque sea un gran reto, es probable que acabes con una imagen muy bien dibujada de esa persona


Extracto de “Escribir Ficción” de  Gotham Writers Workshop





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ESCRITOS:


Los ejercicios debían integrar uno o dos de los ejercicios propuestos más arriba. Es decir, se trataba de escribir un relato autobiográfico en el que se describe con la mayor precisión un lugar conocido y/o describir a una persona conocida sin usar adjetivos ni adverbios.




La calle de mi infancia, por Conchi


No se porque la memoria nos falla y no nos acordamos de lo que hicimos ayer. En cambio, hay recuerdos que, aunque tempranos en la edad, se sedimentan y nunca se olvidan.

Como si estuviera viendo una foto de la época, veo mi calle, en Francia, donde viví catorce años.

Es una calle sin salida “Impasse Emile Zola”. Es una amalgama de casitas, edificadas sin planificación, tal como se iban instalando los propietarios. Corrían los años 60.

Está a las afueras de la ciudad. Éramos todos emigrantes. Pero en la mitad de la calle, como si de un lunar en la nariz se tratara, había una casita muy moderna donde vivía Claudine, hija de los franceses, era amiga de mi hermana y mía.

Entramos en la calle. A la derecha, la primera casa esta edificada sobre unos enormes pilotes, para evitar la humedad. Era zona de marismas y corrían riachuelos por detrás de la calle. Ahí vivía la polaca, una señora mayor que tenia que subir muchos peldaños de una escalera exterior para llegar a ella.

A la izquierda una enorme parcela con árboles frutales: manzanos, perales, albaricoqueros… Conocíamos a los alemanes que vivían allí. Eran muy ambles y si se lo pedíamos nos daban fruta, pero éramos unos gamberros y preferíamos, desafiar a la suerte y entrar a pedir prestado y salir corriendo.

Ahora, llegamos a la casita del alemán, un hombre solitario, casi un ermitaño, vivía de sus cultivos en el huerto. No tenía valla, y siempre tenía la puerta abierta para dejarnos entrar y darnos golosinas, le gustaba nuestras visitas y en las tardes de invierno que hacía frio, nos contaba anécdotas de su país natal.

Pasamos por delante de la casa de Claudine y ya se huelen las lilas. Una parcela enorme que solo olíamos la fragancia de las lilas. Nunca supe quien vivía allí.

Llegamos al” patio de los portugueses”. Un patio muy alegre, niños correteando, mamas chillando a sus hijos, casitas todas iguales, Nos conocíamos todos y podíamos entrar en el patio y jugar con los niños.

Pasamos de refilón las casas de los argelinos. Tres hombres sentados a cuclillas delante de sus casas, con la chilaba tapándoles las piernas, como estatuas. Intentamos pasar de prisa, sin correr, pero sin mirarlos.

A continuación, la casa de la italiana. Mi preferida.

 Y ya llegamos a mi casa. Una casa bajita con tres escalones. Con un jardín lleno de flores que cuida mi madre y detrás un huerto donde mi padre cultiva de todo. Con gallinas, conejos, palomas, ocas.

Mas adelante hay otro patio de españoles de Madrid y mas adelante otro patio de los maños. Ya son casitas más nuevas y mejor construidas.

Pero volvamos a Mama Rosa, mi preferida, la estrella de la calle.

Mama Rosa vive en una casita de madera como las del Pirineo. Es siciliana. Lleva un vestido y un delantal de flores. Una mujerona de metro ochenta que impone. Lleva un moño que tapa con una pañoleta que es como una bandera en las playas. Según el color, te da permiso para entrar o salir corriendo. Cambia de carácter según este el de su hijo,Gianni de diecinueve años con síndrome de Down. Un hombretón de metro ochenta que pesara unos noventa quilos que le da abrazos a su madre con una fuerza que no controla. Esto preocupaba mucho a mi madre que estando en casa, veía a Gianni, emparedar a su madre en el lateral de la casa contigua a la nuestra y yo veía a mi madre salir corriendo de casa a ayudar a Mama Rosa a quitarle a Gianni de encima.

Mama Rosa, agradecía a mi madre sus cuidados, invitándonos a los niños a comer, sus espaguetis y sus creps. Cocinaba como los ángeles, y aunque nos gustara mucho la comida de mi madre, estábamos deseando que nos llamara Mama Rosa. Nos amenizaba la comida con historias de su Sicilia natal y Gianni, un niño más como nosotros sonreía y escuchaba a su madre explicarnos historias con lágrimas en los ojos. Supe por mi madre que Gianni murió a los pocos años de venirme a España. Y que Mama Rosa se volvió a su tierra.

Todos son recuerdos, pero nunca lo olvidare. Me aleccionaron en la tolerancia, el respeto, la gratitud hacia los demás. Cuando vives entre tantas personas diferentes, con sus historias, sus culturas aprendes todas estas lecciones de la vida.



Duelo, por Eladia

Una tarde de mayo azotada por el viento, la degustación de arroz y el espectáculo marino presagiaban un idílico momento.

Las conversaciones de las tres mujeres eran  interrumpidas por las de sus maridos. Se esfuerzan por normalizar el encuentro y apartar el dolor de aquellos últimos meses con un parloteo continuo, la paleta de colores del paisaje playero, la música de habaneras, la calma del fin de semana y la alegría de las gentes en las mesas mitiga la tristeza de la tragedia que se oculta en la vida de aquella mujer que todos incluso su marido intentan arropar con los recursos a su alcance.

Ella viviendo entre el ayer de sus hijos vivos y el  hoy de su desesperación, preguntando al vacío, ¿Por qué? La vida la torturaba con tanta crueldad.

¿Qué hemos hecho? Preguntas sin respuesta.

¿Es necesario hacer algo? ¿Es una puñetera casualidad? ¿Existe alguna razón que justifique arrebatar a una madre el fruto de su ser?

Desmembrada, hecha jirones hasta la última fibra de su organismo en dos ocasiones separadas por un periodo breve de tiempo. Cuando aún sus heridas sangran, la cicatriz vuelve a fluir.

¿Es posible soportar tanta amargura? ¿Tiene límite el dolor? Se repiten los mismos interrogantes una y otra vez. Quiero responder, ofrecer consuelo para que esa llamita no se extinga, para que pueda vivir a plena luz.

Se esfuerza por regalarnos la amabilidad de su sonrisa, el diálogo ameno, las bromitas forzadas, el halago, el consejo justo con una vocecita inaudible.

Desprende elegancia a esta edad tardía en la que la experiencia con su sabiduría nos rodea de seguridad. Está siempre en el lugar adecuado viste acorde a su personalidad sin destacar en el atuendo, con sobriedad.

Su rostro refleja la benevolencia, la armonía, rasgos dignos de admirar.

Su marido la observa con orgullo, querida por sus amigos, no se enfada, no grita, habla despacito con dulzura, desprende serenidad.

Ahora esta estabilidad se rompe por llantos reprimidos y ahogados. ¡Protesta! ¡No quiero, no puedo! ¿Por qué tengo que resignarme?

Y el corazón se desgarra al escuchar sus lamentos, me siento impotente, le transmito el calor con mis abrazos, tomo sus manos, le limpio las lágrimas, la beso.

Un lazo de afecto que crece y se fortalece nos une, es mi cuñada, mi amiga del alma, me ha ayudado en múltiples ocasiones, descargaba mis angustias y ella me devolvía el reflejo de mis problemas atenuados a veces solucionados. Su empatía me envolvía, me sosegaba.

Hace un año que un loco apuñaló a su hijo. Un trabajador de su fábrica familiar al que habían despedido por agresivo después de diez años le espera en la puerta de la empresa y lo asesina dejando tres niños pequeños, una viuda joven y una familia que jamás será la misma.

Esto solo sucede en los libros, novela negra, guiones cinematográficos, en otros lugares a otras personas, pero la tragedia se había cebado en ese núcleo. Su otro hijo falleció en un accidente de moto y estuvo una noche perdido hasta que un vecino encontró el cadáver.

Una pesadilla repetida, un horror continuado.

Nos reunimos cada semana, lloramos, reímos, restituimos la esencia de esta mujer que continua amando a su marido, protegiendo a sus hijos, jugando como una niña más con sus nietos.

Quisiera apaciguar el dolor de sus entrañas, lograr un ungüento mágico para sus heridas, comparto con ella este duelo, recogiendo sus quejas le ofrezco mis abrazos para que pueda descargar su dolor, aquietar sus temblores, me coloco en ese lugar de madre que ha perdido parte de su yo, buscando consuelo sin hallarlo y agradezco a la vida por situar en mi camino a una persona valiente que pese a las desgracias nos dulcifica el viaje.




Carta a una amiga, por Encarna


Frölein Yolanda Pérez García

 Rómersstrase, s,n. Kôln - Nippes 

Deutschland 

Hola amiga Yolanda, 

He encontrado un hueco en mi agenda de trabajo y aprovecho para contestar tu carta. Para mi ha sido una sorpresa recibir noticias tuyas después de varios meses sin saber de ti, y por otro lado me ha causado tristeza leer lo que me cuentas de tu estancia en el hospital a causa del accidente de coche que te ha obligado a permanecer varias semanas aislada del mundo. Me tranquiliza saber que ya estás recuperándote y comprobar que no has perdido tu sentido del humor, por la manera que describes lo ocurrido y posterior estancia en el hospital, afirmando con optimismo queno tardarás en estar recuperada y lista para continuar tu vida del día a día, disfrutando minuto a minuto. Yo en mi vida personal estoy pasando la “crisis de los 40”. Te relataré lo último que me ha sucedido a causa de esta crisis de autoestima: buscando por Internet en una de esas páginas de contactos para buscar pareja vi la foto y perfil de un hombre que me cautivó. El perfil decía: - Mi nombre es José, soy periodista corresponsal en la guerra del Líbano, quiero mantener relaciones de amistad con mujer de edad entre 30 a 40 años, sin compromiso conyugal para poder compartir nuestras carencias de tipo afectivo. Amiga Yolanda, si tú hubieses visto la foto y perfil de “José“ te aseguro que me habrías animado para que le pidiera amistad... Yo, sin pensarlo dos veces, le solicité amistad. Su respuesta afirmativa fue inmediata; a partir de ese momento mi vida dejó de ser monótona para vivir en un mundo lleno de emoción, compartiendo virtualmente sus aventuras de corresponsal y muchas confidencias de tipo personal, creándose entre nosotros un vínculo de relación que podría describir como afectivo, utilizando un lenguaje lleno de desenfreno que hacía que deseáramos el encuentro físico para poder fundirnos en un abrazo de pasión sin límite. “José” me envió un mail que me preocupó, y de no ser porque estaba en un país en guerra yo hubiese cogido un avión para estar con él. Me decía que había sufrido un accidente y estaba hospitalizado, y allí los médicos no tenían recursos para operarlo por lo que tendrían que llevarlo a otra ciudad donde el hospital era privado y la operación costaría 3000 euros, pero él no disponía de ese dinero y no se atrevía a pedírselo a su familia porque, aunque eran gente de recursos económicos, ellos pensaban que estaba viajando por Europa y les causaría un disgusto saber la verdad. Para no extenderme en esta carta te cuento el desenlace de esta aventura que me ha dejado sin 3000 euros y sin ganas de volver a utilizar las redes sociales para ligar... Hace unos días estaba con una amiga comentando mi aventura con el corresponsal de guerra español y le mostré la foto del hombre que había hecho durante unos meses que la crisis de los 40 no estuviera presente en mi vida. Cual fue mi sorpresa cuando ella me mostró el historial del susodicho, que ella había desenmascarado y que resultó ser un individuo de un pueblo de Coruña que, haciéndose pasar por el verdadero corresponsal de guerra de nacionalidad inglesa, mantenía correspondencia por Internet con varias mujeres a la vez para sacarles el dinero de la misma forma como lo había hecho conmigo. Me quedé sin saber qué decir cuando mi amiga me contó que a ella también le había engañado, hasta que hacia unos días vio un reportaje en televisión que hablaba de la guerra del Líbano donde entrevistaban al que sí era el reportero inglés por el que se hacía pasar el tal “José” para estafar a mujeres que se comportaban de la misma manera que me había comportado yo, con ingenuidad y confianza. Estimada Yolanda, un día de estos te volveré a escribir; hoy me despido de ti esperando con ganas tu próxima carta y te deseo de todo corazón una total recuperación del accidente 

Recibe un abrazo y besos de tu amiga. 

Irene 





Alicia, por Montse

Situación: llego agotada del trabajo y encuentro a mi hija de 3 años bailando en el comedor .  Me llena de energía.

Hallo a  Alicia cinco años antes de sumergirse en el “País de las Maravillas”, con ropaje de Blanca Nieves y calzado de Campanilla. Personificación de la alegría en tres palmos de vida que voltea, brinca y vira; un terremoto en la casa que sacude el cansancio, expulsa el sueño; deja vigilias , algazara y algarabía. Por su sacudida de Valdivia tiemblan las vigas. Vesubio que esparce rosas y retira incienso. Viento de marzo que impregna el alma de sal marina.





Un día en la piscina, por Juliana

Era uno de esos días alegres del comienzo del verano. Iniciamos la temporada estival con una visita a la piscina municipal. La comparsa estaba compuesta por tres miembros: Yo, la madre, es decir, la que cargaba con la bolsa de las toallas, la bolsa de los juguetes y la bolsa de la merienda, mientras que mis dos hijos, Adrián de 12 años y Estela de 7, iban con las manos llenas, entiéndase, con un flotador en una mano y unas gafas de piscina en otra.

Al entrar, se veía una panorámica de las dos piscinas: una rectangular de tamaño olímpico y otra ovalada de menor tamaño y profundidad. Al lado izquierdo, había una gran extensión de hierba a la sombra de unos cuantos árboles de ancha copa, debajo de los cuáles se encontraban algunas familias diseminadas a distancias prudenciales. Después de localizar un espacio que me permitiera vigilar la piscina desde un lugar estratégico, descargamos las bolsas y los niños sin una pausa,  se lanzaron en bomba a la piscina pequeña que es donde tenían permiso para acudir solos. 

Me tumbé en la toalla, acolchada por la grama, con un ojo abierto y el otro cerrado, sintiendo como los músculos se iban relajando progresivamente bajo el calor de los rayos del sol. La temperatura ambiente aún era algo fresca en la sombra y el sol era como una caricia sobre la piel.

Pasée mi mirada por el cielo azul cruzado por las estelas de los aviones, y otros navegantes de dos alas, principalmente palomas y tordos.

A la izquierda se mecía indolente un sauce llorón jugando con las luces y las sombras como un mago lanzando destellos alrededor. 

En línea con mi campo de visión, antes de alcanzar las líneas rectas de la piscina, se extendía una gran mancha morada creada por las flores violáceas de una jacaranda.  Cuando mi mirada se posó en ella, descubrí la ferviente actividad a su alrededor, al menos una veintena de abejas zumbaban de una flor a otra. Los profundos azules de las flores se tornaban casi rosados a contraluz, destacando las oscuras alas de las mariposas que revoloteaban alrededor. Bajé la mirada para descubrir que una hilera de hormigas subía y bajaba como un ascensor del tronco del árbol. Una libélula se paró frente a mí un instante, mostrando su esbelto cuerpo tornasolado, antes de desaparecer con un leve zumbido 

Un mundo dentro un mundo dentro de otro mundo en los que la mayoría de las veces, nos ignoramos educadamente -pensé sorprendida.

Mi hija, Estela, cabalgó hacia mí, proyectando gotas de agua que helaron mi piel al instante.

-!Quiero ir a la piscina grande!!!- gritó mientras se ponía las gafas de bucear como diadema.

Miré esperanzada a mi hijo mayor, pero vi que había encontrado a sus amigos y que estaría poco dispuesto a dejarlos para ir con su hermana pequeña. 

Con un disimulado suspiro y fugaz pensamiento de mártir, me incorporé y la cogí de la mano para ir a la piscina grande. No hacía mucho que Estela podía nadar con la soltura suficiente como para estar sin ningún tipo de apoyo en la piscina. Eso era otro nivel. Era de mayores, y estaba deseando ejercitar ese nuevo superpoder.

Me zambullí en el agua, notando con dulce dolor el contraste del agua fría sobre mi piel caliente. Y sin sacar la cabeza del agua la alcancé por las pantorrillas. Estela chilló y pataleó con una sorpresa exagerada. En la piscina pequeña se arremolinaban varios grupos de niños, pero la piscina grande era prácticamente  para nosotros. Los juegos a los que jugábamos eran más o menos siempre los mismos y se sucedían uno tras otro: primero una carrera  a lo largo de la piscina, en la que debía contar hasta diez para dejarle ventaja, y en la que perdía un tiempo precioso volviendo la cabeza para asegurarse que contaba y que no hacía trampas. Luego tocaba jugar a adivinar el animal que el otro imitaba bajo el agua.

-Mira, mama, mira mama, ¿Qué soy? me decía con la cabeza más fuera que dentro del agua, moviendo espasmódicamente los brazos y las piernas en todas direcciones.

Se me ensanchaba el corazón viéndola tan concentrada en su actuación.

-Un pulpo.

-Siiii...te toca…

Me sumergí bajo el agua hinchando las mejillas con aire para coger la apariencia de un pez globo cuando noté una mano empujando con fuerza mi cabeza bajo el agua. Me sorprendió la firmeza y la fuerza del agarre de la mano de una niña de siete años.  Miré hacía arriba y percibí que estaba exultante, había conseguido tomarme por sorpresa  y estaba disfrutando de su triunfo. Relajé ligeramente el cuerpo, conteniendo la respiración y dejé pasar unos segundos. Cuando noté la presión del aire que quería salir de los pulmones, me moví hacia arriba, indicando que tocaba salir ya, a pesar de lo cual Estela no aflojó el agarre.  Moví mis brazos y piernas con fuerza para impulsarse hacia arriba pero no sirvió de nada. Busqué en el entorno viscoso algo a lo que agarrarme, algo que hiciera de asidero, de palanca o de soporte, sin suerte. Medí mentalmente la distancia a la que me hallaba del borde, aunque estaba en pleno medio de la piscina. Intentando controlar el pánico que acompañaba la creciente quemazón en mis pulmones, ví la imagen distorsionada por el agua de mi hija riendo, viendo como me agitaba bajo su presa. Intenté escabullirme hacía un lado, aún así no me soltaba. 

Me pareció increíble no encontrar una solución a aquella situación tan absurda. Estábamos  jugando y cada vez tenía más conciencia de que me estaba ahogando rodeada de gente y sin poder hacer nada.  Los ojos, la garganta y los pulmones me quemaban. Resistiendo la necesidad de tragar aunque fuera agua y en contra de mis instintos, empujé en lugar de hacia arriba,  hacia el fondo, con la esperanza de que al sentir que se hundía conmigo,  me soltara.  En cuanto noté que relajaba la presión, me propulsé hacia arriba, sin poder evitar inspirar agua antes de tener la cabeza completamente fuera. Tosí el agua que había tragado y ésta salió provocando náuseas por su paso abrupto en el esofago. Con el corazón martillando, me dirigí hacia la escalera y me agarré al frío metal como a un salvavidas. Miré a mi alrededor con los ojos llorosos y doloridos pero nada se había movido, apenas habían pasado unos minutos. Apenas un latido fallido del tiempo. 

Miré a mi hija  que permanecía serena, sin consciencia de lo que acababa de ocurrir. La miré como si la viera por primera vez. Una niña fluyendo a medio camino entre la imaginación y la realidad. Una niña moviéndose entre los sueños de lo que quería ser y lo que sus pies andarían. Me miró a los ojos sin verme y agradecí que una brusca pesadilla no la despertara a la realidad.

Salí del agua con los ojos llorosos y miré al cielo, unas nubes grises habían tapado el sol y el viento traía aires de lluvia. 

Era tiempo de irse.


El Campo Grande de Valladolid, por Isabel

Hace unas días he visitado a mis hermanas en Valladolid.
Cada vez que voy, aprovecho para recorrer a pie la ciudad, lo que evoca en mí infinidad de recuerdos de cuando era niña.
Porque fue en Valladolid donde nací, crecí, y jugué al aire libre como se hacia en aquellos tiempos.
Solo tenía que cruzar la calle para llegar al Campo Grande, el paseo central era el escenario de mis juegos infantiles, y en los bancos laterales se sentaban las mamás y las cuidadoras de los niños, lo recuerdo como algo entrañable.
Cuando podía iba al parque con mis hermanas y con otras niñas del colegio, jugábamos al corro y cantábamos infinidad de canciones que todavía resuenan en mi recuerdo, también saltábamos a la comba, cantando otras canciones, como esa que dice: 
"Al pasar la barca,
me dijo el barquero, 
la niñas bonitas,
no pagan dinero". 

Recuerdo al Catarro, un hombre que con su barca llevaba a los niños a navegar por el estanque del Campo Grande, mientras contaba historias de un monstruo que se escondía detrás de unos árboles grandes, que eran la selva del lago. Las aguas verdosas  del estanque, al pasar la barca, se convertían en oleaje, lo que provocaba gritos de los niños y advertencias del capitán.
El Catarro trabajaba en el embarcadero del rio Pisuerga, quizá de ahí le venía el nombre y su voz ronca, conocía al dedillo todos los peligros y remolinos del río, había salvado a más de uno de morir ahogado, incluso a los que no querían que los salvaran, él lo hacia y su humanidad les devolvía a la vida.

En el estanque hay una placa conmemorativa que recuerda al Catarro.


Marc, por Amparo

Marc parecía un abuelo que no transigía con la pereza, la desidia, el comportamiento perturbador.

La rigurosidad que transpiraban sus gestos, sus células a flor de piel, todo su ser,  reclamaban la atención de todos nosotros para la ejecución de las notas que acompasadamente conformaban una canción.

Sabía transmitir su conocimiento de la música que había aprendido en su casa aleccionado por su madre pianista y que le había llevado a cantar en la escolanía de Montserrat, durante el tiempo en el que la voz era blanca como les pasaba a sus compañeros también niños.

Su porte desprendía aromas a bergamota y vainilla, fragancias que atraían, una personalidad con un carisma que arrollaba a su paso. Sus trajes envolvían su cuerpo que se desmoronaba con el paso del tiempo



                                                   

Lo que queda del día de Kazuo Ishiguro

    Viernes, 01 de  abril de 2022 “Cada vez parece más probable que haga una excursión que desde hace unos días me ronda por la cabeza” . As...